DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...
CAPITULO XXIV
24 de septiembre
EN EL FONDO DEL TRASTERO
Mónica, una de mis lectoras y ahora tambien amiga, me sugería ayer a colación del "Vietnamita que vive en mi armario", que estaría bien hacer algo parecido con los trasteros. En honor a ella y a tod@s los que tenemos la "suerte" de tener uno, va este post de hoy.
Si pongo "suerte" entre comillas, es porque aún estoy por determinar si realmente se es afortunado o no, al tener uno.
A mi, personalmente, los trasteros me dan, mas bien, bastante miedito. Hay quién los tiene en su propia vivienda, pero el mío está en el fondo de un aparcamiento como tantos y tantos y, he de decir que, los arquitectos que diseñan la distribución de estos cubículos tienen un sentido del humor bastante macabro. Ya me diréis si no lo es de por sí, colocarlos en el lugar con menos luz de todo el edificio y en el mas escondido.
En casa tenemos la fobia y vivimos con el temor de quedarnos un día encerrados allí y no poder salir jamas. Morir de inanición y sin bolígrafo para poder escribir, al menos, nuestras últimas voluntades aunque sea en la pared. Menudo acojone para los futuros propietarios. Nuestros fantasmas pululando por los trasteros cual "chica de la curva".
Una vez, hace ya años, antes de tener el que tenemos ahora, fuimos a ver unos que os juro, al salir no sabíamos si lo habíamos hecho de un cementerio lleno de panteones. Estuvimos un día por llevar flores en señal de respeto a los muertos que allí pudieran estar descansando.
Para mí, la palabra trastero y Michael Myers (al malo de la peli Noche de Halloween, para quien necesite aclaración), son como los dulces y la culpa: no los concibo separados.
Dejando aparte el super canguelo que me provoca el mencionado, vamos a la parte práctica a la que, se supone, están destinados. Guardar cosas. Si, señora. ¿Cosas?.
Si analizamos la palabra "trastero", no hay que ser muy lumbreras para saber que trastero viene de trasto. ¿Y qué es un trasto?. Algo que ya no sirve. Sirvió, pero YA NO.
La cuna del bebé que acaba de cumplir 15 años, papeles antiguos, figuritas de adorno que ya no adornan y ademas son feas, muñecas con las que ya no se juega, colchones de 0.80 cm, somieres de 0.90 cm y almohadas de 0.70 cm en los que ya no se duerme y que no sirven ni para ponerlos juntos porque no casan..., libros de cuando éramos pequeños y cajas llenas de miles de cosas varias que al guardar tendrían su importancia y que ahora se han convertido en cajas Kinder, porque nadie recuerda qué hay dentro y supone una sorpresa cada vez que abres una.
Doce años hemos tardado en recuperar los discos de vinilo de mi padre.
Siempre que algo no aparece, ¿dónde puede estar?. Eso está en el trastero, seguro. Y entonces, la frase "hay que ir al trastero y buscar..." se convierte en la frase del mes, del año y de la década siguiente.
"Si, si. A ver si vamos un día". Optimismo temporal a largo plazo, lo llamo yo. Igual que el que se tiene cuando se echa la primitiva esperando que te toque. Que algún día ocurrirá, pero no se sabe cuándo.
Y el caso es, que ir se va a guardar nuevas cosas viejas. Pero cuando tienes intención, aprovechando el viaje, de buscar aquello que intentas recuperar..., "bueno, ya si eso volvemos otro día con mas tiempo", entra en juego. Y lo que sea queda emparedado por siempre jamás.
¿Alguien ha conseguido alguna vez tirar de las cosas que no sirven de un trastero, las que no sirven de verdad?. ¡¡¡¡¡¡Yo sí!!!!!! Bueno, miento. No lo hice yo. Fueron mi hermano y un amigo. El otro día entré y se había quedado en la mitad. No se qué fue lo que tiraron y no quiero enterarme. Ojos que no ven..., trastero vacío. Oooooolé!!!!
Menos mal que recuperamos a tiempo los discos familiares.
Si alguien quiere ayuda, os los envío a los dos. Van en pareja, como los guardia civiles.
Besos, señor@s
Mónica, una de mis lectoras y ahora tambien amiga, me sugería ayer a colación del "Vietnamita que vive en mi armario", que estaría bien hacer algo parecido con los trasteros. En honor a ella y a tod@s los que tenemos la "suerte" de tener uno, va este post de hoy.
Si pongo "suerte" entre comillas, es porque aún estoy por determinar si realmente se es afortunado o no, al tener uno.
A mi, personalmente, los trasteros me dan, mas bien, bastante miedito. Hay quién los tiene en su propia vivienda, pero el mío está en el fondo de un aparcamiento como tantos y tantos y, he de decir que, los arquitectos que diseñan la distribución de estos cubículos tienen un sentido del humor bastante macabro. Ya me diréis si no lo es de por sí, colocarlos en el lugar con menos luz de todo el edificio y en el mas escondido.
En casa tenemos la fobia y vivimos con el temor de quedarnos un día encerrados allí y no poder salir jamas. Morir de inanición y sin bolígrafo para poder escribir, al menos, nuestras últimas voluntades aunque sea en la pared. Menudo acojone para los futuros propietarios. Nuestros fantasmas pululando por los trasteros cual "chica de la curva".
Una vez, hace ya años, antes de tener el que tenemos ahora, fuimos a ver unos que os juro, al salir no sabíamos si lo habíamos hecho de un cementerio lleno de panteones. Estuvimos un día por llevar flores en señal de respeto a los muertos que allí pudieran estar descansando.
Para mí, la palabra trastero y Michael Myers (al malo de la peli Noche de Halloween, para quien necesite aclaración), son como los dulces y la culpa: no los concibo separados.
Dejando aparte el super canguelo que me provoca el mencionado, vamos a la parte práctica a la que, se supone, están destinados. Guardar cosas. Si, señora. ¿Cosas?.
Si analizamos la palabra "trastero", no hay que ser muy lumbreras para saber que trastero viene de trasto. ¿Y qué es un trasto?. Algo que ya no sirve. Sirvió, pero YA NO.
Doce años hemos tardado en recuperar los discos de vinilo de mi padre.
Siempre que algo no aparece, ¿dónde puede estar?. Eso está en el trastero, seguro. Y entonces, la frase "hay que ir al trastero y buscar..." se convierte en la frase del mes, del año y de la década siguiente.
"Si, si. A ver si vamos un día". Optimismo temporal a largo plazo, lo llamo yo. Igual que el que se tiene cuando se echa la primitiva esperando que te toque. Que algún día ocurrirá, pero no se sabe cuándo.
Y el caso es, que ir se va a guardar nuevas cosas viejas. Pero cuando tienes intención, aprovechando el viaje, de buscar aquello que intentas recuperar..., "bueno, ya si eso volvemos otro día con mas tiempo", entra en juego. Y lo que sea queda emparedado por siempre jamás.
¿Alguien ha conseguido alguna vez tirar de las cosas que no sirven de un trastero, las que no sirven de verdad?. ¡¡¡¡¡¡Yo sí!!!!!! Bueno, miento. No lo hice yo. Fueron mi hermano y un amigo. El otro día entré y se había quedado en la mitad. No se qué fue lo que tiraron y no quiero enterarme. Ojos que no ven..., trastero vacío. Oooooolé!!!!
Menos mal que recuperamos a tiempo los discos familiares.
Si alguien quiere ayuda, os los envío a los dos. Van en pareja, como los guardia civiles.
Besos, señor@s










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