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martes, 21 de julio de 2020

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...


CAPITULO XLIV

21/07/2020

CONFINAMIENTO O...

... abandono a mi propia suerte?,  porque no se vosotr@s, pero yo comencé el confinamiento con muy buena voluntad en lo de cuidarme y mantenerme en mi línea y demás, y ya sólo me faltaba vestirme de Ygritte para no arreglarme, aún a riesgo de que me miraran de aquella manera.

Ahora, en parte, entiendo porque se resisten las señoras que llevan burka a quitárselo. Si es que no hay nada mas cómodo si tienes que salir a la calle, que plantarte el trapo y ni peinarte, ni maquillarte, ni nada de nada (aunque ellas si que se arreglan, aunque no se vea luego. Yo soy mas vaga, la verdad). 

Esto del confinamiento me pilló recién de peluquería así que por ahí íbamos medio bien.

Las uñas de gel, por supuesto, se fueron a las dos semanas, imposible mantener semejantes garras. Eso sí, me compré por AMAZON un kit completo para hacerme las semipermanentes, lámpara UV incluida, por supuesto. En los 3 meses sólo me las hice 2 veces. Total, no me las veía nadie porque llevaba los guantes puestos.

El tema de la depilación..., es otro cantar. A una no le gusta llevar las "cejas unidas" como si del lema de un sindicato se tratase, pero si se junta el hecho de que: 
* sin las gafas de  cerca no veo un pijo, que apenas me miro para no llevarme un disgusto (porque pienso que si de lejos estoy echa un guiñapo de cerca ya ni te cuento)...
*...que, por otro lado tampoco pasa nada porque si te pones la mascarilla y las gafas de sol en las dos salidas que haces al día para sacar al perro y comprar, tan ricamente, oiga... 
*...pues al final se juntan el hambre con las ganas de comer y se te va de las manos. 
Peeeero, hay que tener en cuenta que, como  decía mi abuela y dice mi madre, las bragas siempre limpias, que si te pasa algo por la calle... Pues con la mascarilla, lo mismo. Que no se te vea el bigote, no significa que no lo tengas así que si te la tienes que quitar por lo que sea, menuda foto.  
Ya empecé a sentirme como extraña cuando se me ocurrió entrar en detalle visual con mi cara y no, perdonad, pero no voy a pasar por el modelo Frida Khalo, con todos mis respetos a esta maravillosa mujer,  por muy ídolo de masas feminista que sea.

                                       
Y estoy algo mas fofa, no mucho, lo justo para molestar. Menos mal que en lo único en lo que no he caído en esta NOVENTENA, es en comer mas (gracias a Dios), lo que ocurre es que cuando doy un paso, todo mi cuerpo tiembla como un flan de lo flojas que se me han quedado las carnes. Sólo me falta el caramelo por encima y la nata alrededor. Esto va a costar un huevo recuperarlo. 


Para colmo me he borrado del gimnasio y eso ha dolido, ha dolido mucho, pero se que no voy a ir lo menos hasta octubre, con suerte... No me fío. Esto de la nueva normalidad, así, sin vacuna ni nada..., a mi que me pongan primero una inyección como la de la gripe y luego hablamos. Mientras tanto, a seguir tratando de hacer ejercicio en casa, que es lo mas complicado y voluntarioso del mundo. 

Al inicio de todo esto yo empecé a hacer “el deporte confinado” al no poder seguir en el gym. Pero..., no es lo mismo, que va!!!!!!!!!. Por mucho interés que le pongas, ¡NEGATIVO!. 

1º Te falta espacio. Y al faltar espacio, te falta movimiento. Una clase de zumba en un cachito del salón..., si tienes una casa medio normal, ya no pequeña sino medio normal, inténtalo. Es como si quisieras bailar una jota en el espacio reservado para un chotis.  Ridículo lo que resulta de eso, ya te lo digo yo.


En el gimnasio tienes todos los metros del mundo para pegar saltos, o al menos a ti te lo parece y eso es lo que te ofrece libertad de movimientos. Ya sabéis, si la mente lo cree, es que existe, aunque no sea posible.  
Hacerlo en casa te limita y encima te cansas mas sin resultados físicos visibles. Es agotador tener que estar pendiente de los saltos y no darle, a la vez, un zambombazo al jarrón mas cercano. 

Uno de los días, optando por una clase de bodybalance que es algo mas estático,  tumbada en el suelo estiré una pierna justo cuando pasaba mi padre por delante (ni siquiera lo había visto, boca arriba y con los ojos cerrados ya me dirás) de alguna manera le hice la zancadilla y perdió el equilibrio. Yo, que no sabía qué ocurría, sólo que alguien me había pisado el pié, al verlo trastabillar puse las manos para sujetarlo por si se caía (ya ves tú), él tratando de mantener el equilibrio volvió a machacarme el pié y como no consiguió mantenerse erguido, viendo como se me venía encima, metí la pierna debajo para que no cayera directamente al suelo y amortiguarle el golpe. Todo eso en lo que parecía una hora y, sin embargo, mi madre sentada en el otro sofá, ni se imaginaba lo que podía estar pasando, en cuestión de un segundo, tras el respaldo del otro. No sé como no nos rompimos nada.  Si la colchoneta llega a ser de lunares, hubiera parecido que jugábamos al puñetero Twister estilo WWE. Para habernos matado... ¡QUE TIENE 81 AÑOS, por Dios bendito! 


Y otra cosilla, ¿sois conscientes realmente de lo conjuntaditas que vamos normalmente al gimnasio?. Pues yo me he dado cuenta haciendo ejercicio en casa. Otro punto a favor a la hora de desistir en el intento; porque las primeras mallas que pillas, que hasta te quedan grandes, con los calcetines celestes de ositos, la camiseta rosa, y los tenis grises..., vamos... no digo mas. 
Con el rollo de que no puedes salir y que nadie puede entrar..., si tuviera que escapar por patas tal cual por alguna urgencia, me enviaban directamente a un albergue. Porque ésta, podrá ir así por la calle y quedar glamurosa (y seguro que vale una pasta. Para gustos, colores), pero inténtalo tu, a ver qué pasa.

Y si ahora se nos viene encima un posible segundo confinamiento, porque  la cosa aún no está muy clara..., pues ya que no hemos aprendido nada sobre el vírus en el primer asalto, (a las pruebas me remito viendo la inconsciencia de la gente que antes de que todo esto termine ya ha olvidado la cantidad de personas que "ha y está" muriendo), aprendamos a ser algo mas proactivos en casa, que como el asunto se alargue un par de años, y no digo ninguna tontería, vamos a terminar como los de Wall-E, ya veras.



Y yo no quisiera acabar así, la verdad. 
Por lo pronto, viendo que las actividades que hacía en las clases no puedo clonarlas en casa, he optado por subir las 5 plantas cada vez que vengo de la calle. Y se nota, ¿eh?. Eso sí, el perro me mira mal cuando entramos por el portal y pasamos de largo el ascensor. Lo tengo quemado, al pobre, pero también le viene de perlas así que es un BIEN COLATERAL. 
Mi madre me pregunta a veces, ¿a dónde vas? y yo le digo: voy a bajar y subo por las escaleras, sólo por gusto. También me mira raro, pero ella como no ladra, que puede hablar, añade: "tu estás del todo". Y sí, pero la culpa la tiene este año 2020, que nos está dejando mucho mas allá que para coger grillos. Al primero que diga el 31 de diciembre lo que dijimos el año pasado: "POR EL AÑO NUEVO QUE PEOR QUE ESTE NO PODRÁ IR", le rompo las dos piernas. 

En fin, que esto da para mucho relato y si me extiendo demasiado, os resulto cansina, porque aun me queda el tema del teletrabajo, y las ciber-reuniones con las amigas que... vaya tela. 

Bienvenid@s a la "nueva normalidad" señor@s. 

Se os quiere!!!!!!!!

martes, 14 de enero de 2020

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...


CAPITULO XLIII

14 de Enero


SE ACABÓ EL FUN, FUN, FUN...

... FELIZ NAVIDAD y PROSPERO AÑO NUEVO!!!

Un poco tarde, pero bueno, como casi todo lo que escribo tiene su origen en algo que vivo y que mi cerebro gestiona de esa manera que ya sabéis..., este de hoy sale de la cenas en casa de estas fiestas pasadas. No podría ser de otro modo.

Yo salgo del curro felicitando a todo conocido con el que me cruzo y voy de propio a los comercios habituales para ello con todo mi espíritu navideño.



Hasta ahí todo genial. Pero llegas a casa y se te acaba el cachondeo. ¿Por qué?. Porras, pues porque te encuentras a tu madre metida en la cocina, que tienes que mandarle un whatsapp desde la puerta para que te envíe la ubicación porque no la ves entre tanto cacharro, y cuando la localizas te da el reporte de todo lo que ha hecho desde que se levantó. Esto lo hacemos todas, ¿eh?, no para que nos digan “¡ay, cuánto te ha cundido!”, no. Lo hacemos porque buscamos un apoyo moral que nos anime a hacerle frente a todo lo que aun nos queda por delante. Ya sólo despejar el tinglado entre fogones, supone un milagrito poco mas o menos como el de Moisés abriendo camino entre las aguas. 



No se vuestras viviendas como van, pero la mía no está preparada para alojar en cualquier momento a todo el mundo en el salón (este año éramos literalmente 5 personas en Nochebuena, 7 en Nochevieja y el perrito en ambos casos, ya ves tú). Cambiamos el sofá en su momento y se ha quedado con la mitad de los metros. Ahora todo tiene su sitio exacto y cuando quieres usar ese espacio y has de reubicarlo todo, el tema se convierte en una puñetera partida de TETRIS en el nivel 624 lo menos. 
Así que en mi desesperación y luchando contra los elementos y el poco tiempo que tenia, opté por convertir el dormitorio en una trinchera con lo que estorbaba. Al principio traté de colocarlo todo dentro de la habitación con un cierto orden pero, a los cinco minutos, decidí lanzar las cosas desde la puerta hasta la cama y según cayeran. Punto. Luego se cierra y listo. Prohibida la entrada hasta nuevo aviso. Lo siento, era eso o tirar la casa por la ventana "literalmente". 



Cuando llega el momento de servir la cena, con tu mesa montadita y todo el mundo sentado, con la cocina echa una auténtica batalla campal porque los cacharros han decidido procrear sin permiso, haciendo malabares para colocar y servir sin que se desplome la montaña que hay en la encimera..., te toca sentarte y mirar la comida con cara de asco frente a lo que en principio te parecía un manjar y que es la culpable de tu día de locos desde que amaneciste. Y es que hemos de reconocer que se nos va de las manos, se nos va. 



Gracias a Dios, a los 15 segundos se te ha pasado el disgusto porque estas sentada junto a las personas que quieres y eres feliz, y la velada se vuelve encantadora, llena de conversación agradable y muchas risas. La dieta la mandas a Filipinas a que se de un baño y aparcas por un segundo la culpabilidad al comer, como decía la canción en Dirty Dancing, "de todo un poco". Así que piensas: yo hoy como y mañana... : " despues de todo, mañana será otro día". 


Termina la cena, y es como si le diéramos marcha atrás a un DVD pero a cámara lenta porque ya estas cansada, empachada y mareada. Las visitas se van y todo lo que salió de la cocina debe entrar de nuevo. Lo que se sacó del salón, idem de lo mismo y te encuentras con que te sobran un montón de cosas que ahora no entran en ningún sitio y antes si lo hacían. Así que sólo hay una explicación: hemos comido demasiado y ocupamos mas espacio que antes. Está claro. Ay, Dios mío, he vuelto a clase de zumba después de las Navidades y mi mente se ha imaginado de tal guisa...


Entonces sabes que, en un par de días, no vas a tener mas remedio que decir la frase que casi nadie quiere escuchar en la familia, esa de... "tenemos que hablar". Porque o aquí ordenamos entre todos o esto se va a convertir en "la teoría del CAOS". 

Con ya casi todo en su sitio y a punto de acostarnos los que quedábamos aún despiertos, me acuerdo que encima de la cama, donde duerme mi sobrino, aún queda una bandeja árabe redonda enorme como de unos 50 cm de diámetro que parece un GONG chino, que sirve para servir el té moruno y que nunca hemos usado, pero que es muy mona. Salgo corriendo antes de que el niño caiga en la cama y de la campanada de gracia y despierte al resto de la familia.


Todo esto es cíclico y se repite un año y otro, y otro y que dure muchos mas, porque es el encanto que tienen las navidades. 
Así que sólo quiero el mismo deseo para este año nuevo que ha comenzado: terminarlo con las mismas personas que lo hemos iniciado y poder achucharnos de nuevo en el salón por muchos cacharros que haya que mover. 

¿Y vosotr@s qué deseáis para el 2020?


Feliz año y feliz vida, señor@s.