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martes, 14 de enero de 2020

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...


CAPITULO XLIII

14 de Enero


SE ACABÓ EL FUN, FUN, FUN...

... FELIZ NAVIDAD y PROSPERO AÑO NUEVO!!!

Un poco tarde, pero bueno, como casi todo lo que escribo tiene su origen en algo que vivo y que mi cerebro gestiona de esa manera que ya sabéis..., este de hoy sale de la cenas en casa de estas fiestas pasadas. No podría ser de otro modo.

Yo salgo del curro felicitando a todo conocido con el que me cruzo y voy de propio a los comercios habituales para ello con todo mi espíritu navideño.



Hasta ahí todo genial. Pero llegas a casa y se te acaba el cachondeo. ¿Por qué?. Porras, pues porque te encuentras a tu madre metida en la cocina, que tienes que mandarle un whatsapp desde la puerta para que te envíe la ubicación porque no la ves entre tanto cacharro, y cuando la localizas te da el reporte de todo lo que ha hecho desde que se levantó. Esto lo hacemos todas, ¿eh?, no para que nos digan “¡ay, cuánto te ha cundido!”, no. Lo hacemos porque buscamos un apoyo moral que nos anime a hacerle frente a todo lo que aun nos queda por delante. Ya sólo despejar el tinglado entre fogones, supone un milagrito poco mas o menos como el de Moisés abriendo camino entre las aguas. 



No se vuestras viviendas como van, pero la mía no está preparada para alojar en cualquier momento a todo el mundo en el salón (este año éramos literalmente 5 personas en Nochebuena, 7 en Nochevieja y el perrito en ambos casos, ya ves tú). Cambiamos el sofá en su momento y se ha quedado con la mitad de los metros. Ahora todo tiene su sitio exacto y cuando quieres usar ese espacio y has de reubicarlo todo, el tema se convierte en una puñetera partida de TETRIS en el nivel 624 lo menos. 
Así que en mi desesperación y luchando contra los elementos y el poco tiempo que tenia, opté por convertir el dormitorio en una trinchera con lo que estorbaba. Al principio traté de colocarlo todo dentro de la habitación con un cierto orden pero, a los cinco minutos, decidí lanzar las cosas desde la puerta hasta la cama y según cayeran. Punto. Luego se cierra y listo. Prohibida la entrada hasta nuevo aviso. Lo siento, era eso o tirar la casa por la ventana "literalmente". 



Cuando llega el momento de servir la cena, con tu mesa montadita y todo el mundo sentado, con la cocina echa una auténtica batalla campal porque los cacharros han decidido procrear sin permiso, haciendo malabares para colocar y servir sin que se desplome la montaña que hay en la encimera..., te toca sentarte y mirar la comida con cara de asco frente a lo que en principio te parecía un manjar y que es la culpable de tu día de locos desde que amaneciste. Y es que hemos de reconocer que se nos va de las manos, se nos va. 



Gracias a Dios, a los 15 segundos se te ha pasado el disgusto porque estas sentada junto a las personas que quieres y eres feliz, y la velada se vuelve encantadora, llena de conversación agradable y muchas risas. La dieta la mandas a Filipinas a que se de un baño y aparcas por un segundo la culpabilidad al comer, como decía la canción en Dirty Dancing, "de todo un poco". Así que piensas: yo hoy como y mañana... : " despues de todo, mañana será otro día". 


Termina la cena, y es como si le diéramos marcha atrás a un DVD pero a cámara lenta porque ya estas cansada, empachada y mareada. Las visitas se van y todo lo que salió de la cocina debe entrar de nuevo. Lo que se sacó del salón, idem de lo mismo y te encuentras con que te sobran un montón de cosas que ahora no entran en ningún sitio y antes si lo hacían. Así que sólo hay una explicación: hemos comido demasiado y ocupamos mas espacio que antes. Está claro. Ay, Dios mío, he vuelto a clase de zumba después de las Navidades y mi mente se ha imaginado de tal guisa...


Entonces sabes que, en un par de días, no vas a tener mas remedio que decir la frase que casi nadie quiere escuchar en la familia, esa de... "tenemos que hablar". Porque o aquí ordenamos entre todos o esto se va a convertir en "la teoría del CAOS". 

Con ya casi todo en su sitio y a punto de acostarnos los que quedábamos aún despiertos, me acuerdo que encima de la cama, donde duerme mi sobrino, aún queda una bandeja árabe redonda enorme como de unos 50 cm de diámetro que parece un GONG chino, que sirve para servir el té moruno y que nunca hemos usado, pero que es muy mona. Salgo corriendo antes de que el niño caiga en la cama y de la campanada de gracia y despierte al resto de la familia.


Todo esto es cíclico y se repite un año y otro, y otro y que dure muchos mas, porque es el encanto que tienen las navidades. 
Así que sólo quiero el mismo deseo para este año nuevo que ha comenzado: terminarlo con las mismas personas que lo hemos iniciado y poder achucharnos de nuevo en el salón por muchos cacharros que haya que mover. 

¿Y vosotr@s qué deseáis para el 2020?


Feliz año y feliz vida, señor@s.




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