Rubia de bote...
...pero tonta de antes.
Que el confinamiento está terminando con la poca salud mental que me quedaba es algo que ya se veía venir.
El estado de ánimo cambia, no de un día para otro, no, sino de un minuto para otro, pero si además eres de mente inquieta y te da por cambiar de imágen para no aburrirte, se lía parda.
Yo tengo un problema conmigo misma. Me aburro de mi persona. Si, me canso de verme la jeta, de tener siempre la misma cara de risa cuando sonrío, la misma de pena cuando lloro, la misma neutra cuando no hago ninguna de las otras dos cosas..., y ahora que llevo un año pasando tanto tiempo frente a mí, se está avecinando un divorcio inminente de mi "yo".
Por el afán de querer innovarme a falta de poder hacer otras cosas, se me alumbra la bombilla mental y decido cambiar mi look pasando de castaño con melena rizada, a rubia casi blanco de un tirón y con corte de chico (que en lenguaje profesional del cabello se llama corte PIXIE y que en el de la gente de a pie se llama : "¡Ostia, ¿pero que te has hecho?!")
Debo reconocer que no me quedaba mal pero, mantener sin morir en el intento ese tipo de color, cuando el tuyo original es negro como una noche sin luna o como la pena de la Dolores, es casi misión imposible.
Para empezar, el primer intento : ¡FAIL!.
Tuvimos que insistir un par de decoloraciones para que aquello quedara medio decente. ¡BINGO!
Peeeeeeeero el pelo crece, y lo hace de su color original que, inicialmente, queda guay, porque el contraste es bastante moderno, pero cuando la raíz supera el rubio, hay que meter mano de nuevo. Y os digo que estaba convencida de que el periodo vacacional y los fines de semana pasaban volando, hasta que me teñí de rubio y entre visita y visita al peluquero, ni te enteras.
La tercera visita fue todo un drama. No hay cosa peor que el estilista sea tu amigo porque, todos lo sabemos, la confianza da asco y cuando te pregunta si te gusta como te ha quedado y dices "NO" con dos lagrimones en los ojos a punto de dejarte un par autovías en el maquillaje... ahí entramos en crisis emocional. Él, que se esmera en que te quede perfecto, tu, que te sientes culpable por ser tan sincera y tu pelo que va muriendo en cada intento.
De pasarme tal cosa 12 años antes, habría partido de la peluquería tal cual por callarme y mi solución habría sido no salir a la calle en un mes y medio mínimo, o...
Gracias a Dios, mi "PsicoLola" me enseñó a decir "NO" cuando debía y dejar de decir "SI" a todo. Al final salí decente de allí, hasta que me lave el pelo. A ver, no sé que tienen los cepillos, secadores y manos, champú, espuma, o lo que sea que te echan en la pelu, que el pelo sale suavito como el de un peluche y tras pasar por la ducha..., mi pelo era puro estropajo de esparto del que usaban nuestras abuelas. El peine no corría, se quedaba a medio camino y eso que no había mucho que recorrer. Jamás había visto algo igual.
La culpa no es del peluquero, quiero pensar que no, obviamente es un profesional, la culpa es mía por querer innovar en exceso.
Cuarta visita y pido eliminar ese amarillo pollo insoportable. Vámonos a un cobre para ir igualando tono, anda.
Primer intento...
El autocontrol es algo que se escapa a mi lógica porque, y en serio os lo digo, no se puede explicar como logras mantenerlo con dignidad, pero lo haces. "Esto me lo quitas".
Pues vamos a matizar..., otra vez, y tras hacerlo al pasar las púas, salen como montones de pelusa iguales a las que había debajo de las camas con somier y que ya no se ven desde que tenemos canapé, solo que en este caso es pelo chamuscadísimo. A mi me va a dar un infarto y ya lo único que quiero es salir corriendo para mi casa ahora que ya es de noche y puedo pasar desapercibida.
Al día siguiente todo se ve de otra manera y después del disgusto parece que voy a poder sobrevivir a un par de meses mas, hasta ahora, que tengo que volver para cortarme y me está entrando ansiedad y me dan sudores fríos y sólo deseo que alguien ponga de moda las pelucas, como en los 70, porque en AliExpress las venden por docenas, como los huevos.
Imagino que mi querido peluquero ya está rezando, mínimo una novena, viéndome venir, que seguro que el pobre también estará sudando lo suyo sabiendo que voy a aparecer de un momento a otro por la puerta. Cada visita es una ATUP aventura.
Después de esto, por favor, cuando veáis a alguien acercarse con un peinado imposible o un "color difícil de creer, que no increíble" (que aunque parezca lo mismo NO lo es), tratad de poneros en sus zapatos y pensad en la procesión que lleva por dentro y nunca, nunca le digáis:
"Tranquila, que eso crece": mensaje subliminal = "aguanta hecha un cromo dos o tres meses y luego pon remedio".
"Qué cambio, ¿no?...": mensaje subliminal = "tía, no sé qué mas decirte, me he quedado sin palabras y las que se me ocurren mejor me las callo".
Es genial ser sincero, pero en todo caso..., no sé, un: "tu, con esa cara, da igual lo que lleves en la cabeza", y que cada un@ se lo aplique como mejor le convenga.
Por regla general una intenta desviar la atención del pelo, maquillándose un poco mas, para que parezca que te favorece el nuevo look, claro que para eso también tienes que tener algo de arte, porque formas hay muchas y puede ser peor el remedio que la enfermedad.
En fin, bromas aparte, mi peluquero sabe que lo adoro y lo quiero un montón, y que al final siempre me deja monísima.
Y una cosa quiero aclarar sobre los mitos: no hace falta ser rubia de bote, para estar tonta del bote, porque yo entre esto y mis intentos de hacer ejercicio en casa, voy a terminar majara y tullida.
Sed felices, señor@s.