Diario de las no señoras que...
Capítulo III
30 de Abril
DE LAS BBC Y OTRAS CELEBRACIONES
Con muy mala leche... crónica de boda.
¿Me pasa sólo a mi o hay alguien mas a quien le tiembla el ojo
cuando escucha : el 12 de junio (esa fecha como cualquier otra) se casa... ?
Y entonces comienzas un mantra justo antes de que termine la frase: por favor, que no me inviten, por favor, que no me inviten... - ...y nos han
invitado.
Yupiiiiiiiii!!!!!!!!
Ay, porfa, pero ¿por qué piensan que quiero ir?. ¿Hola?, ¿en que
momento he dado señales?. Que esto no es
como abrazar a un amigo que está loco por ti y decirle inocentemente en un
arrebato “Ay que te quiero, leches” y él se lo toma como que estás enamoradísima.
Es normal que el pobre se confunda. Ha malinterpretado las señales. Pero si yo
quisiera ir a tu boda te habría dicho unas cien veces aquello de: oye, a ver
cuando te casas, que tengo ganas de comer tarta o, ¿ cuándo nos vamos de boda?,
que de una sale otra... Pero no, yo no he dicho nada de eso. ¿Qué te he hecho
yo?!
Entonces te da el arrebato (qué de nada sirve, pero te ayuda a
desahogarte durante un par de minutos):
- Pues yo no voy!
- Mujer, cómo no vas a ir si es tú hermana, o tu mejor amiga, o la
hija del primo de mi mejor amigo, que este es un compromiso, que tenemos que ir....
- Pero vamos a ver, ¿tu te crees que los novios van a pasar lista?!
Los novios te invitan por que no tienen mas remedio. Porque si
invitan a su familia y conocidos y tu eres amiga de la novia del cuñado de uno
de ellos, ¿ cómo no van a invitarte a ti?, no te vayas a molestar...
Esa sería la frase : nene, si invitamos a Edu, tenemos que invitar
a María.
Coñe, pues no invites a Edu y no tendrás que invitar a María, ¿no?
Ains, pues te ves de nuevo buscando el puñetero vestido, del que
no quiero volver a hablar, y unos zapatos que te destrozan los pies, y un
bolsito pequeño a juego; ¡CUIDADO!, pequeño pero en el que entre el móvil, la
barra de labios, unas medias de repuesto, las llaves de la casa, un par de
tiritas porque los “papes” nuevos te van a hacer rozadura en el talón o en el
dedo meñique del pie...
NO-hay-bolsitos-pequeños-en-el-que-entren-todas-esas-cosas-necesarias, no
perdáis el tiempo buscándolo. ¡OLVIDADLO!. Aguantaros con las ampollas, la
carrera en las medias, el móvil en la guantera del coche (con suerte quien
tenga que llamarte también estará en la boda, que te busque si quiere decirte
algo) y deja dentro sólo la barra de labios y las llaves, para mantenerte retocadita
con la primera y no tener que depender de nadie si tienes que salir por patas
con las segundas. El resto no es que sobre, es que no cabe.
Luego, claro, como tu llevas coche, la mayoría de las veces tienes
que recoger a alguien que no, porque verás, el sitio no es muy grande y el
aparcamiento es una puñeta y cuántos menos coches vayamos, mucho mejor.
-¿Y por que no nos vamos nosotros con ellos?
-Einnn..., no mejor que no, que éstos son de los que se quedan
hasta el final y yo prefiero no depender de nadie para la vuelta.
Ahí, pinchamos, porque no caemos que a ellos, si los llevamos, también los tenemos que traer y luego te da fatiga cortarles el rollo si te quieres volver antes y acabas volviendo a las tantas jurando y perjurando que será la última boda la que vayas.
Y un jamón con chorreras.
La misa o el oficio civil. Uff, no
sé cómo describir ese dejavú. Te ves una tras otra, exactamente igual. Cuando
te pones de pie: derechita, tan mona, con esos taconazos. Cuando estás sentada:
tiesa como si te hubieran metido una escoba por el culo para que el vestido no
se arrugue demasiado, claro. Hay que lucirlo en ese momento. Luego, en el
convite que se desplanche lo que quiera, pero antes, nanai.
Como quieran hablar los amigos y familiares durante la celebración y no tengas dónde sentarte..., busca urgente una pared dónde al menos apoyarte, que eso va para largo. Los invitados, nos reímos al principio con los chistes de siempre, pero luego nos dedicamos a estudiar el vestuario ajeno, porque nos aburrimos y porque mola más.
Como quieran hablar los amigos y familiares durante la celebración y no tengas dónde sentarte..., busca urgente una pared dónde al menos apoyarte, que eso va para largo. Los invitados, nos reímos al principio con los chistes de siempre, pero luego nos dedicamos a estudiar el vestuario ajeno, porque nos aburrimos y porque mola más.
Si es que no somos tan distintos, todos hemos hecho las mismas
cosas, mas o menos, cuando éramos niños, cuando éramos estudiantes, vecinos,
compañeros, ex novios..., ¿por qué ese afán de repetirlo en toooodas las bodas?
Los que conocemos a los novios ya lo sabemos y a los que van de acompañantes
sin saber nada de ellos, no les importa un pimiento, sinceramente.


Una vez terminada la celebración, hay que empujarse como en las
rebajas para dar dos besos a los novios y felicitarlos y de paso quitarle el
maquillaje a la novia, ya que estamos. Total, si ya no los vamos a volver a ver
hasta dentro de una hora que es cuando habrán terminado de hacerse todas la
fotos del mundo para el reportaje con el que luego nos bombardearan en las
visitas de los próximos tres meses.
El convite. No hay que comer mucho
durante el día para que cuando llegue el convite puedas degustarlo como si te
fuera la vida en ello. No voy a extenderme demasiado ahí, porque todos sabemos
en qué consiste : surtido variado de bocaditos fríos y calientes (de un tiempo
a esta parte están muy de moda las mini croquetas, los crujientes de morcilla,
las bolitas de patata y chorizo...), rueda de ibéricos, crema de espárragos o
langosta, pastel de merluza con salsa de puerros o escalopines de ternera al Oporto con pastel de
patata y la tarta nupcial. Vino Blanco, vino tinto,
champán para brindar por los novios y con suerte barra libre para que te multen
a la vuelta.
Luego viene cuando la novia reparte el alfiler. Uy, que viene, que
viene. Yo no quiero alfiler, ¿eh?. A mi me dejáis tranquila... Pero nooo, que va.
Alfiler al canto, boca abajo y poco pinchado, para que se caiga y te salga
novio pronto.
Que mala baba, hija mía. Clava ahí, hombre ya, aunque me lo
hinques en el pecho, pero que no se suelte por lo que más quieras, que
cuando yo quiera novio ya me encargaré de conseguirlo sin ayuda. Ya sé que es
una superstición, tradición o lo que quieras, pero por si acaso..., pínchalo
bien, mujer.
El baile es lo mejor. Porque ahí es cuando decides si te rindes
definitivamente y te desmelenas quitándote los zapatos y lanzándote a la pista
o sigues manteniendo el tipo y no levantas el trasero de la silla hasta que os
vayáis mientras ves cómo el típico amigo del novio se marca unos movimientos
imposibles de colocarle al ritmo de ninguna canción. Si no has sido lo
suficientemente previsora como para llevarte unas manoletinas y dejarlas en la
guantera del coche (porque repito que si llevas un mini bolso, ahí no
entran)... pues mira, que le den a los tacones y vete a bailar como si fuera el
último día de tu vida, porque al final después de aguantar todo lo que has
pasado en las ultimas siete horas, eso va a ser lo mejor de todo.


Y de verdad, no somos SEÑORAS QUE... se vuelven locas por ir a una
boda a destriparla, ¿DE QUÉ?, somos jóvenes de +40 que por no ser maleducadas,
nos vamos de boda a sufrir y pasarlo lo mejor que podemos, porque al fin y al
cabo es uno de los días más importantes de alguien a quien queremos y que nos
quiere.
¡VIVAN LOS NOVIOS Y EL IBUPROFENO!







