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lunes, 24 de septiembre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXIV

24 de septiembre

EN EL FONDO DEL TRASTERO

Mónica, una de mis lectoras y ahora tambien amiga, me sugería ayer a colación del "Vietnamita que vive en mi armario", que estaría bien hacer algo parecido con los trasteros. En honor a ella y a tod@s los que tenemos la "suerte" de tener uno, va este post de hoy.      

Si pongo "suerte" entre comillas, es porque aún estoy por determinar si realmente se es afortunado o no, al tener uno.  

A mi, personalmente, los trasteros me dan, mas bien, bastante miedito. Hay quién los tiene en su propia vivienda, pero el mío está en el fondo de un aparcamiento como tantos y tantos y, he de decir que, los arquitectos que diseñan la distribución de estos cubículos tienen un sentido del humor bastante macabro. Ya me diréis si no lo es de por sí, colocarlos en el lugar con menos luz de todo el edificio y en el mas escondido.  

En casa tenemos la fobia y vivimos con el temor de quedarnos un día encerrados allí y no poder salir jamas. Morir de inanición y sin bolígrafo para poder escribir, al menos, nuestras últimas voluntades aunque sea en la pared. Menudo acojone para los futuros propietarios. Nuestros fantasmas pululando por los trasteros cual "chica de la curva".      

Una vez, hace ya años, antes de tener el que tenemos ahora, fuimos a ver unos que os juro, al salir no sabíamos si lo habíamos hecho de un cementerio lleno de panteones. Estuvimos un día por llevar flores en señal de respeto a los muertos que allí pudieran estar descansando.
Para mí, la palabra trastero y Michael Myers (al malo de la peli Noche de Halloween, para quien necesite aclaración), son como los dulces y la culpa: no los concibo separados.     

Dejando aparte el super canguelo que me provoca el mencionado, vamos a la parte práctica a la que, se supone, están destinados. Guardar cosas. Si, señora. ¿Cosas?. 
Si analizamos la palabra "trastero", no hay que ser muy lumbreras para saber que trastero viene de trasto. ¿Y qué es un trasto?. Algo que ya no sirve. Sirvió, pero YA NO.     
  

La cuna del bebé que acaba de cumplir 15 años, papeles antiguos, figuritas de adorno que ya no adornan y ademas son feas, muñecas con las que ya no se juega, colchones de 0.80 cm, somieres de 0.90 cm y almohadas de 0.70 cm en los que ya no se duerme y que no sirven ni para ponerlos juntos porque no casan..., libros de cuando éramos pequeños y cajas llenas de miles de cosas varias que al guardar tendrían su importancia y que ahora se han convertido en cajas Kinder, porque nadie recuerda qué hay dentro y supone una sorpresa cada vez que abres una.    
Doce años hemos tardado en recuperar los discos de vinilo de mi padre.  

Siempre que algo no aparece, ¿dónde puede estar?. Eso está en el trastero, seguro. Y entonces, la frase "hay que ir al trastero y buscar..." se convierte en la frase del mes, del año y de la década siguiente.  
"Si, si. A ver si vamos un día". Optimismo temporal a largo plazo, lo llamo yo. Igual que el que se tiene cuando se echa la primitiva esperando que te toque. Que algún día ocurrirá, pero no se sabe cuándo.   

Y el caso es, que ir se va a guardar nuevas cosas viejas. Pero cuando tienes intención, aprovechando el viaje, de buscar aquello que intentas recuperar..., "bueno, ya si eso volvemos otro día con mas tiempo", entra en juego. Y lo que sea queda emparedado por siempre jamás.     

¿Alguien ha conseguido alguna vez tirar de las cosas que no sirven de un trastero, las que no sirven de verdad?. ¡¡¡¡¡¡Yo sí!!!!!! Bueno, miento. No lo hice yo. Fueron mi hermano y un amigo. El otro día entré y se había quedado en la mitad. No se qué fue lo que tiraron y no quiero enterarme. Ojos que no ven..., trastero vacío. Oooooolé!!!!
 

Menos mal que recuperamos a tiempo los discos familiares.
Si alguien quiere ayuda, os los envío a los dos. Van en pareja, como los guardia civiles.  

Besos, señor@s                           









lunes, 17 de septiembre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXIII

20 de septiembre

ESPECULA ESPECULORUM

Uno se pregunta...  YO me pregunto, ¿qué pasaría si llevásemos a cabo las decisiones que nuestra mente toma?. 
¿Por qué somos capaces de tener buenas ideas e incapaces de realizarlas?

¿Qué pasaría si en lugar de enviar mensajes en cadena pidiendo 10 minutos de apagón general para protestar contra el abuso de las eléctricas, desconectáramos de verdad esos 10 minutos?                                                   

Cuando sale un avance médico, un descubrimiento científico para curar enfermedades mortales..., ¿qué pasaría si en lugar de acallarlo, se fomentara y se llevase a cabo?. ¿Habría superpoblación mundial?. ¿Habría sitio en la tierra para todos?. ¿Es por eso por lo que existen las plagas, los virus? ¿Para controlar la población del mundo?                                             

¿Realmente temblaría la tierra si todos saltáramos a la vez? 

¿Qué pasaría si aprendiéramos de los animales a querernos y respetarnos tanto como se quieren y respetan entre ellos y a nosotros?                                         


¿Qué pasaría si cuidáramos nuestro planeta para que pudiéramos disfrutar muuuuuucho tiempo de los recursos que nos regala?  

¿Qué sería de la especulación y el abuso comercial si aprendiéramos a vivir sólo con lo que realmente necesitamos? 
                                   

¿Qué pasaría si fuésemos capaces de:   
sonreír más y protestar menos,
observar más y ojear menos,
saltar más y sentarnos menos,
bailar más y deprimirnos menos,
cantar más y gritar menos,
jugar  más y castigar menos ?                            


¿Qué pasaría si las películas se desbloquearan sólo después de haber leído un libro? El que fuera, cualquiera.  

¿Qué pasaría si cambiáramos:
el cemento por el abono,
la gasolina por los tenis,
las alianzas de los matrimonios  infantiles por las muñecas y una infancia feliz?                  


¿Qué pasaría si al menos esperásemos dos o tres días para abrir las piernas nosotras y las portañicas ellos? ¿Se recuperaría aquello que se llamaba “conquistar”? ¿Conseguiríamos enamorarnos además de desearnos?
        

¿Por qué estoy aquí sentada escribiendo y pensando que cuando termine voy a hacer una clase de zumba con la Wii y probablemente, en lugar de eso, me levante a coger una galleta Principe para seguir acumulando grasa en lugar de fibra?

¿Por qué no hacemos todas estas cosas y vemos qué pasa?       
¿Por qué nos quedamos sentados dejando que la única que trabaje sea nuestra imaginación y morimos sin hacer nada esperando que los que vengan detrás tengan más reaños que nosotros?    
                      

Quizás, algún día, llegue el  momento en el que el ser humano despierte y actúe. Ojalá cuando actúe lo haga en consecuencia y ojalá que las consecuencias sean buenas y no como hasta ahora. Porque el camino que llevamos no es que sea muy alentador,  pero si empezamos por las pequeñas cosas..., podremos abrir una puerta a un mundo nuevo.
     
               

No son los políticos los que van a solucionar nuestras vidas. Dejad que ellos vayan a lo suyo, como siempre, y seamos nosotros quienes alegremos el lunes a aquella persona con la que nos cruzamos sólo con unos buenos días y una sonrisa. Esa persona, probablemente hará lo mismo con la siguiente y eso SI será una cadena y no la de “San Tortellini de la Santa  masa que va a regalarte un premio a la lotería si lo pasas a 10 personas incluida yo y si no lo haces alguien de tu familia, morirá ”.    
                     

Seamos nosotros quienes cambiemos este mundo con cosas buenas y no dejemos que las cosas malas de este mundo nos cambien a nosotros. 

“Lázaro, levántate y anda”
 (Mateo 9:5, Marcos 2:9 y Lucas 5:23)

Besos, señor@s. 



domingo, 9 de septiembre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXII


10 de septiembre


EL MISTERIO DEL BAÑO (abstenerse delicados)



Creo que hay una dimensión espacio-tiempo distinta en el interior de un cuarto de baño, al que existe en el resto de las habitaciones de la casa. Mientras que para el que está dentro tan sólo han pasado dos segundos en todo un mundo por explorar, el que se encuentra al otro lado apenas consigue decir: ¿qué cojona hace dos horas en cuatro puñeteros metros cuadrados?.


¡Y el que está fuera tiene razón! Veamos, para hacer pis no hace falta mucha parafernalia. En el caso de las féminas, te bajas la ropa interior, te sientas, miccionas, te limpias (importante este punto, que nadie lo olvide), te subes la ropa, te lavas las manos y a volar. Total..., ¿minuto y medio tirando por lo alto?. 


En el caso de los varones aún es más fácil, por que no tienes ni que sentarte y el que se siente, que sólo es cuestión de acostumbrarse (NOTA CIENTÍFICA: está probado que para los hombres es más sano sentarse porque es mucho más higiénico, reduciendo así el riesgo de sufrir alguna infección. Permite tener la próstata más relajada y, por tanto, mejora considerablemente la vida sexual, además, orinar sentado hace que se relaje y elimine la orina de una forma más completa, ayudando a evitar problemas de próstata), tardaría lo mismo que una mujer. 


Pasamos, como decía mi abuelo, a las aguas mayores. Dejemos aparte a l@s extreñid@s, que bastante cruz tienen. 
L@s que disfrutamos de un tránsito intestinal óptimo, ¿cuánto echamos en la operación en cuestión?. El principio es el mismo que para orinar. Luego, para ambos géneros, la cosa está en sentarte, empujar, expulsar, limpiarte o lavarte y salir del baño. Total y siendo muyyyy generosos con el tiempo, 3 o 4 minutos. 
Omito las duchas o baños relajantes porque ahí sí que se extiende uno más. Me estoy limitando a las visitas frecuentes y que son varias al día. 



Entonces, ¿qué hace alguien de media hora para arriba en un baño cuando va a soltar lastre?:
1- Leer el periódico (extensible a cualquier cosa con letras): Ya sea en versión impresa o digital, hay quien se lee la prensa COMPLETA mientras hace pis y sobre todo, caca. Consejo para quien se empeña en esto: ten siempre toallitas húmedas a mano porque, cuando terminas de leer, la mancha está seca y no se quita con papel. Y ten la educación de tirar de la cadena cuando termines de expulsar para que el olor NO se concentre después de tanto rato desde que evacúas hasta que te limpias, que seguro hay gente esperando a que tú acabes para entrar también.


2- El móvil. Ya podéis cagaros, nunca mejor dicho, si alguien se lleva el móvil al baño para hacer cualquier cosa, da igual. Porque navegando por internet, las horas son minutos, y los minutos segundos para el que está dentro. Entonces aquí llegamos al punto que lleva a encontrarnos con quien...,



a)... va a contemplarse frente al espejo; que es a solas y cuando te tienes delante, cuando tu ego se explaya y/o contemplas lo buen@ que estás o te sacas defectos hasta en el agujero de la nariz. Y much@s lo documentan fotográficamente. ¿O no está Facebook, Twitter e Instagram llenos de fotos con gente poniendo morritos dentro del baño?, lugar idílico donde los haya, para pasar unas buenas vacaciones. Antes se subían fotos cuando encontrabas un paisaje bonito y cosas así. Ahora es en el baño, con los azulejos o la cortina de la ducha detrás.


b) Quien quiere hacer el idiota pero le da vergüenza hacerlo en público; por lo que para ello, prefiere estar a solas, grabarlo y subirlo a la red para que lo vea todo el mundo. 

Tened cuidado, que el baño junto con la cocina, es una de las zonas de la vivienda con mas alto riesgo de accidentes en el hogar y o te caes con clase...



 ...o puedes verte en una de éstas.




c) Ponerte los auriculares y dedicarte a mandar mensajes de whatssap: no es una buena idea. Te abstraes y no oyes a quién reclama su tiempo desde el otro lado; puede asustarse y creer que te ha ocurrido algo malo al no contestar a su llamada. Para estos menesteres existe el sofá o cualquier otra ubicación que no haga la vida mas difícil a los demás. 



En fin, que o tienes dos aseos, tres o cinco como la Preysler, o quien se queda fuera las pasa putis esperando. Porque veréis, cuando se vive en comuna y se come y se bebe a la vez, es muy normal que a la hora de evacuar, lo quiera hacer todo el mundo más o menos al mismo tiempo y, o eres resuelto, o le estas haciendo una buena faena al que está esperando al  lado opuesto de esa puerta que te lleva a la dimensión desconocida.


Así que amig@s, haced cada cosa en su sitio y Dios estará en cada cosa que hagáis. 

Besos, señor@s. 

lunes, 3 de septiembre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXI

3 de septiembre

Una tarde en el cine. La ley del silencio...

... o lo que viene siendo: “Cállate, niño” 

Este sábado he ido al cine como casi todos los fines de semana que coincidimos con mis sobrinos. Vamos en familia y es una forma de mantener la tradición que teníamos de pequeños, con la única excepción de que ahora es algo habitual y cuando ibas antes, era algo realmente especial.                              

El cine tiene ese “yo qué se, que qué sé yo” mágico que te lleva a cualquier lugar.                     
Encontrar a quién no le agrade el séptimo arte es tan difícil, como que alguien te diga que no le gusta el chocolate y, aún así, hay más gente a la que no le gusta el choco, que el cine.          

Pero la magia del cine se la está cargando la falta de buenos modales. 

A ver, la de ayer era una de estas de tiburones, por lo que la sala se llena de adolescentes y tampoco hagamos demasiado hincapié en lo de “se llena”. Nosotros elegimos siempre la ultima fila porque, el que más o el que menos, tenemos la vista para verla mejor de lejos que de cerca.              

 
             
Estaba completa... de adolescentes. Y me parece genial, pero realmente y teniendo en cuenta la crisis, ¿estos niños pueden permitirse el lujo de pagarse la entrada, las palomitas, las chuches y el refresco, para tirarse toda la santa película con el móvil encendido mirando Instagram?. ¿Les compensa? Jolín, que te pasas todo el filme más pendiente de las 5,5 pulgadas de la pantallita que tienes al lado y que, por cierto, te importa un carajo, que de los 4,6 x 8,6 metros de la que tienes enfrente.                        
   

Súmale la parejita de 14-15 años con las hormonas a pleno rendimiento que se tira todo el rato ”mascando chicle”.  Bien. Desde que existe el cine, parejas de todo el mundo han ido allí a “pelar la pava”. Es lo que tiene la oscuridad, que provoca a los enamorados, pero incomoda a quienes tienen al lado sentados. Ese ruido de los besuqueos durante tantísimo rato...  uff, cansino, cansino.      
          
 

Y ya por último, ninguno se calla. Y no hablan bajito, no. Hablan como cuando están en la calle, para que todo el mundo se entere. Las niñas riéndose y pegando grititos por que el chulazo de Instagram le ha dado a “me gusta” en una de sus publicaciones y además ha hecho un comentario como: “como molas mami” o algo parecido.  Y los chicos a saber, porque no se les entiende nada con la jerga que hablan ahora. Pero no se callan. Cuando ya no puedes más. Les dices “mira, ¿podéis callaros o hablar más flojito?. Estamos viendo una peli, ¿no?” y con suerte, ganas un par de minutos de silencio.        

Si es una peli infantil, olvídate de verla en la gran pantalla, a no ser que tengas nervios de acero. Es superar una prueba de fuego para ver hasta dónde eres capaz de aguantar, pero sin premio final.  Puedes contar con los dedos los niños que miran y ven, pero te faltan dedos para contar infantes que no paran y te sobran ganas de matar a padres que parecen ser ciegos y sordos.
    

Los niños son niños, de acuerdo, caray eso ya lo sé pero, por favor, no me tildéis de “madrastrona”, el circo es para gritar y el cine es para oír y ver una peli. Si no educamos a nuestros pequeños a cómo tienen que comportarse en depende qué lugares, cuando sean mayores darán un por cucu al resto del mundo que no veas.  
Cuando mis sobris eran críos, en el cine no los dejábamos respirar. Angelitos. “Chist, calla que molestamos a este señor”, “Chist, no hagas ruido con el papel del caramelo, que no se escucha la peli”, “Chist, siéntate que aquí no podemos ponernos de pie”. Coñi, nos pasábamos tres pueblos con las criaturas. 

Y sin embargo, otros se tiran todo el tiempo preguntando cosas y los padres explicándoselo todo con pelos y señales. Levantándose, pegando pataditas en el respaldo del asiento, yendo ochenta veces a hacer pipí (algo imposible durante  hora y tres cuartos para un riñón y una vejiga tan pequeñas) y sin, aparentemente, un adulto que les diga: hijo para un poco que otro día no venimos ¿eh?. Y ahí sí que no puedes decir nada. “Callaíta”, porque son niños y los niños se tienen que mover. Pues vaya. Llévalos a un parque de bolas. Yo también he sido niña y no nos comportabamos así en el cine porque no nos dejaban. Así que la culpa es de la condescendencia de los padres, no de los hijos.


Está claro que no soy crítica de arte, sino criticona por el arte, que no es lo mismo y además es peor.


Y ya no voy a hablar del que en vez de palomitas se compra patatas fritas, que os juro que me los he encontrado pero, como siempre, me extiendo demasiado. Así que ahí lo dejo, para seguir la semana que viene. 
Gracias a tod@s por manteneros aquí, aguantándome. Os quiero más sólo por eso.

Besos, señor@s.