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lunes, 22 de octubre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXVI

22 de octubre

LOS TRAMPANTOJOS DE CASA

El trampantojo es un término que se usa, sobre todo en cocina, para denominar un plato que parece otro. Por ejemplo, un salchichón que en realidad es un turrón de chocolate. 
Pero, ¿a que no sabíais que todos tenemos en casa varios que no se comen pero que, igualmente juegan con nuestra vista?


   

La bicicleta estática - ¿creíais que servía para hacer ejercicio?. Ainsss, ilus@s. De todos es sabido que la bicicleta estática es en realidad un perchero, cuelga bolsos y/o cesto de la ropa sucia y, quien diga que no, miente descaradamente y jamás de los jamases os creerá nadie. 



El horno - Por supuestísimo, para guardar las sartenes porque, o posees una cocina de diseño con ocho mil setecientos cajones donde tenerlo todo super organizado, en la que no te haga falta usar este electrodoméstico para ello, o "si o si", tienes 20 sartenes apretujadas metidas dentro con sus tapaderas respectivas. Vamos, eso está tan claro como que estoy ahora mismo aquí sentada escribiendo.


La acumulación de tuppers - El tupper, esa maravilla de la ingeniería, no fue diseñada para envasar las sobras y congelarlas para otro día o acumular el alimento semanal que hace mamá para sustentarte. ¡NO!. Fue creado para mantener activo nuestro desarrollo cognitivo y poner a prueba nuestra lógica. ¿O no es un logro conseguir encontrar la tapadera correcta del cacharro elegido o viceversa?... Pues eso, todo un triunfo. 


Las tazas - Son geniales, porque veréis, esto que se supone sirve para beber te, café o lo que queráis es, en principio, un artículo muy preciado por los coleccionistas. Yo debo reconocer que soy una de ellos. Las tengo de todos los tamaños, colores, precios y países. A la larga espero que se conviertan en una inversión aparte de una plaga. Peeeeero ¿qué son en realidad?: botes de almacenaje, si, si. En ellas se almacenan los boligrafos, las brochas de maquillaje, las monedas sueltas para cambiarlas algún día por un billete, las bolsitas con botones de repuesto de la ropa que te compras, las cositas pequeñas que aparecen por lo alto de la mesa y que se cuelan ahí porque no sabes en qué otro sitio meterlas... ¿o no?


Debajo de la cama - Oh, Dios, esta zona es buenísima porque lo que antes siempre fue "el internado" de las pelusas, casi extinguido por culpa de los canapés (no los que se comen, sino los otros), se ha convertido en el trastero oculto que toda casa debe tener. ¡Fuera habitaciones profundas en garajes oscuros!. El bajo de la cama es el sitio ideal para guardar cajas con ropa, aspiradoras, zapatos, juegos de mesa y algún que otro amante sorprendido. Pon un somier en tu vida con patas bien altas y solucionaras los problemas de almacenaje de tu hogar. 


Y por último, quiero compartir con vosotros mi último descubrimiento que, aún no he llevado a cabo pero que pienso probar en cuanto tenga oportunidad, porque es genial. Yo pensaba, que el ventilador de techo servía para dar aire en veranito, ¡pues no!. ¿Sabeis qué es en realidad? ¡Una secadora!. ¡¡Me encanta!!


Después de ésto creo que me he ganado el desayuno, así que voy a sacar los bolígrafos de la taza y voy a prepararme un café. 

Besos, señor@s




lunes, 8 de octubre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXV

03 de octubre

MIS TERRORES FAVORITOS, ¿y los tuyos?


Está en la naturaleza humana tener miedo, sobre todo, cuando somos pequeños. Yo crecí siendo, como otras muchas, la persona más miedosa del mundo mundial.         

Cuando llegaba la noche, en mi imaginación se despertaban vampiros, hombres lobo y brujas de todas clases. La pasaba en vela con los ojos de par en par, rezando para no ver algo entre las sombras.    


Mi peor pesadilla era ser perseguida por una bruja que al final me daba alcance para matarme haciéndome cosquillas. Si, reíros, os doy permiso. Pero es cierto. Es más, hoy en día, no respondo de mi reacción cuando veo a alguien acercarse con la intención de clavarme un dedo entre las costillas. Pierdo el control y reparto hostias como panes.  

Dormí hasta, al menos los 17, siempre con una luz guía encendida y aún hoy en día necesito orientarme con la vista en la oscuridad, obviamente, ya que me da fobia verlo todo negro..., en todos los aspectos.   

Fuí incapaz de ver una película de terror hasta que no tuve 18 años cuando, en casa de mi primer novio, alquilaron El Exhorcista. Una semana estuvo mi padre durmiendo en mi cama mientras yo dormía con mi madre, y eso que me tiré casi toda la película con el cojín delante de la cara, que si no... Aún no he tenido ovarios de volverla a ver, ni siquiera cuando la anuncian en tv, si es que la van a reponer. Es más, oigo la música y mi cabeza se vuelve como si la poseída fuera yo. 


El miedo nos hace taparnos hasta las orejas en pleno agosto, sudando la gota gorda y sin chistar. Qué será lo que tienen las sabanas que, siendo de tela, parece que van a protegerte de una bomba, si es que fuera a caer alguna, Dios no lo quiera. La seguridad de saber que las sabanas te harán invisible si entra un vampiro a chuparte la sangre o un asesino en serie para matarte..., no tiene precio.


Con el tiempo me ha pasado como con el picante, que antes no lo soportaba y ahora no llevo la salsa Tabasco en el bolso porque me da fatiga. 
Así que me declaro fan del picante y de las pelis de terror, y esto último es más masoquismo que otra cosa. 


Pelis de TERROR si, pelis sangrientas de desmembramientos y zombis, no. Las odio. Lejos de aterrarme, lo que me dan es asquito. Bueno no, asquito no. Me dan ascazo. Eso de que un tío te corte un brazo con una sierra mecánica y un montón de muertos vivientes te coman los intestinos gruesos y delgados, porque estos no les hacen ascos a nada..., eso más que miedo, te quita el apetito. 
Aunque, bien pensando, es otra alternativa a una dieta infalible. 


Estos eran mis miedos, por los que hoy día mataría si pudiera cambiarlos por los actuales. Ahora, al igual que los vuestros, mis vampiros no son otros que el temor que siento ante el sufrimiento de mis seres queridos, el pavor frente a la impotencia de no poder protegerlos y el horror de pensar que pueda perderlos. Estos si que son miedos por los que se puede pasar la noche temblando, en vela... y ahí, señor@s,  ahí no hay sábana que nos proteja. 


Así que adiós monstruos infantiles, hola preocupaciones y a luchar contra nuestros terrores, que ya los conocemos bien. 

Besos, señor@s.