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lunes, 8 de octubre de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XXV

03 de octubre

MIS TERRORES FAVORITOS, ¿y los tuyos?


Está en la naturaleza humana tener miedo, sobre todo, cuando somos pequeños. Yo crecí siendo, como otras muchas, la persona más miedosa del mundo mundial.         

Cuando llegaba la noche, en mi imaginación se despertaban vampiros, hombres lobo y brujas de todas clases. La pasaba en vela con los ojos de par en par, rezando para no ver algo entre las sombras.    


Mi peor pesadilla era ser perseguida por una bruja que al final me daba alcance para matarme haciéndome cosquillas. Si, reíros, os doy permiso. Pero es cierto. Es más, hoy en día, no respondo de mi reacción cuando veo a alguien acercarse con la intención de clavarme un dedo entre las costillas. Pierdo el control y reparto hostias como panes.  

Dormí hasta, al menos los 17, siempre con una luz guía encendida y aún hoy en día necesito orientarme con la vista en la oscuridad, obviamente, ya que me da fobia verlo todo negro..., en todos los aspectos.   

Fuí incapaz de ver una película de terror hasta que no tuve 18 años cuando, en casa de mi primer novio, alquilaron El Exhorcista. Una semana estuvo mi padre durmiendo en mi cama mientras yo dormía con mi madre, y eso que me tiré casi toda la película con el cojín delante de la cara, que si no... Aún no he tenido ovarios de volverla a ver, ni siquiera cuando la anuncian en tv, si es que la van a reponer. Es más, oigo la música y mi cabeza se vuelve como si la poseída fuera yo. 


El miedo nos hace taparnos hasta las orejas en pleno agosto, sudando la gota gorda y sin chistar. Qué será lo que tienen las sabanas que, siendo de tela, parece que van a protegerte de una bomba, si es que fuera a caer alguna, Dios no lo quiera. La seguridad de saber que las sabanas te harán invisible si entra un vampiro a chuparte la sangre o un asesino en serie para matarte..., no tiene precio.


Con el tiempo me ha pasado como con el picante, que antes no lo soportaba y ahora no llevo la salsa Tabasco en el bolso porque me da fatiga. 
Así que me declaro fan del picante y de las pelis de terror, y esto último es más masoquismo que otra cosa. 


Pelis de TERROR si, pelis sangrientas de desmembramientos y zombis, no. Las odio. Lejos de aterrarme, lo que me dan es asquito. Bueno no, asquito no. Me dan ascazo. Eso de que un tío te corte un brazo con una sierra mecánica y un montón de muertos vivientes te coman los intestinos gruesos y delgados, porque estos no les hacen ascos a nada..., eso más que miedo, te quita el apetito. 
Aunque, bien pensando, es otra alternativa a una dieta infalible. 


Estos eran mis miedos, por los que hoy día mataría si pudiera cambiarlos por los actuales. Ahora, al igual que los vuestros, mis vampiros no son otros que el temor que siento ante el sufrimiento de mis seres queridos, el pavor frente a la impotencia de no poder protegerlos y el horror de pensar que pueda perderlos. Estos si que son miedos por los que se puede pasar la noche temblando, en vela... y ahí, señor@s,  ahí no hay sábana que nos proteja. 


Así que adiós monstruos infantiles, hola preocupaciones y a luchar contra nuestros terrores, que ya los conocemos bien. 

Besos, señor@s. 





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