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lunes, 25 de junio de 2018


DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

Capítulo XI

25 de junio de 2018

DE LAS MARAVILLAS PLAYERAS Y OTRAS DELICIAS

Si te gusta la beach no sigas leyendo, te aviso, precisamente esto no va de las delicias de la misma, PARA AQUÍ y sigue haciendo otra cosa, porque no entiendo el placer oculto que encontramos al hecho de amontonarnos en paños menores en la playa como si fuéramos suricatas tomando el sol.


Llega el verano y esa necesidad imperiosa de tumbarnos al Lorenzo nos puede. Ya que no nacimos con el don de mudar la piel por si sola como los reptiles, ¿hay que echarle una mano?. Vamos, hombre.

A mi me gusta la playa, pero no me gusta la gente en la playa. Soy así de estúpida, qué le vamos a hacer. Yo nací para ser rica e irme a tomar el sol a una playa privada o con poca gente, donde uno pueda relajarse y descansar. Sería taaaan estupendo no comerte la arena que te echa, camino de la orilla, todo el que pasa por tu lado…


La mayoría de las personas que conozco me dicen que irse a “la playita” les relaja un huevo. No sé cómo lo consiguen, porque a mi me toca uno y parte del otro.
-“El llevarte un libro y evadirte...”-, caray si con las voces de los niños de tu derecha, la música a tope del grupo de adolescentes de detrás y las risotadas de la familia que tiene la carpa a tu izquierda no hay forma humana de centrarse en una sola cosa, mucho menos en un puñetero libro que promete alejarte del mundanal ruido. Nada más lejos, nunca mejor dicho.


Soy una petarda, lo reconozco. Voy pocas veces y las que lo hago…, obligada por la circunstancia que se suela presentar,  no paro de dar la vara. A eso de la hora, hora y algo, soy como el burro de Shrek: “¿falta mucho?, ¿nos vamos?, ¿no os apetece algo fresquito en la heladería?, ¿pensáis pasaros aquí todo el día?, ¿falta mucho? (otra vez) y así todo el rato. 
Ainnnns, si es que me resulta una pérdida de tiempo echar todo el día tumbada en la arena sin más entretenimiento que mirar al personal mientras paso calor para poder refrescarme en el agua y ponerme al sol para secarme y vuelta a empezar… ¿Hola?.
Soy rara, lo sé. Igual soy de otro planeta y me soltaron aquí para estudiar las costumbres humanas y sus, a menudo, formas raras de actuar.


Yo tengo una casa en una zona de la costa que es favorita de autóctonos de una provincia concreta de Andalucía (no voy a dar muchos más datos para que nadie se dé por aludido). Los fines de semana no se puede ir a la playa de cómo se pone de peña. Llegan por la mañana tempranito autobuses enteros para pasar el día allí y de vuelta a su tierra de origen a última hora de la tarde. Hasta con la abuela vestida y con medias los he visto, os lo juro. ¿Qué necesidad tiene esa pobre mujer de pasar todo el santo día debajo de una sombrilla, pasando calor? porque, no me jorobes, que calor tiene que pasar si o si. ¿De verdad le resulta placentero el dominguito?.  Pues será que sí, ¿no?, si no, no irían ni ella, ni toda la tropa.

Y digo yo que algo tendrá cuando va tanta gente, y que será divertido, porque se lo pasan hasta bien. Yo nunca le he encontrado la chispa y además no me ubico exponiéndome en ropa interior (puede que tenga demasiados complejos absurdos). Pero aparte de eso, me resulta incómodo tragarme las miserias humanas de todo el mundo. El olor de los tenis del que tengo a escasos 30 centímetros de mi toalla, el del pañal recién cagado del bebé al que están cambiando, el de los filetes empanados que acaban de sacar del tupper, el del sudor del que pasando calor que no se va al agua y aunque se haya ido sigue tufándole el sobaqueiro y lo demás...,  

...o  esos grupos de familias que se reúnen los domingos expresamente para ponerse a realizar sus gracias y contar sus chistes malos a todo pulmón y hacer partícipe de ello a las 300 personas que nos hallamos reunidos como hermanos en esos inmediatos 70 metros cuadrados; y cuidadito con que se den cuenta de que alguno de nosotros nos reímos con ellos porque entonces no tendrán fin. Argggg, si es que no puedo.


Estas peculiaridades  me pasan a mí porque voy de mala gana y no tengo otra cosa que hacer que estar pendiente de estás porquerías. De lo contrario, estaría más al tanto del ir y venir de las olitas, de la sensación del calorcito del sol en la piel que te la pone de gallina, del olor a mar y del sonido de las gaviotas..., ¡las narices! Eso lo conseguiré en una isla desierta y pasará cuando me toque la lotería algún día. 


Mientras tanto, seguiré siendo la hija secreta de los Cullen y aguantaré un año más la eterna … -“qué blanquita estás ¿no vas a la playita?”-. No señora, no voy. Si, es verano y estoy blanca, y blanca voy a seguir porque así nací y aún no me han hecho firmar un contrato en el que me obliguen a cambiar de color durante los meses estivales. El día de mañana mi piel me lo agradecerá y usted será como un traje de lino después de ver “Lo que el viento se llevó” sin haberse levantado ni para hacer pipí.


¿Me gustaría ir a echar un ratito en el mar, y broncearme un poquito? Sin duda. Pero a la hora de la verdad pienso en todo lo dicho arriba y me da la pereza. Mejor cojo mi libro y leo un rato en el fresquito de mi hogar.

Aquí la piojo verde +40 se despide por hoy.

Besitos, señoras.  




4 comentarios:

  1. Jejjjjjj, sí que es verdad que esta especie tenemos costumbres muy particulares. Yo, como digo, por el mar que me encanta nadar con mis pececillos, que si no...... Jejejjjj

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    1. Monica, nadar es maravilloso. Igual somos descendientes de Ariel, por eso tampoco tenemos mucho que ver con el resto, 😂😂

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  2. Suscribo todo... e incluyo.... el siempre horripilante momento de la depilación previa... que sólo pensarlo ya me desinflo y empiezo a oir los susurros seductores de mi sofá.

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