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domingo, 5 de agosto de 2018

DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...

CAPITULO XVII

06 de Agosto

CUÁNTO OS ECHO DE MENOS...

...otoño e invierno de mis amores. 
Yo no soy de esas personas que cuando hace frío quiere el calor y a la inversa, no. Yo quiero que venga el frío y quiero tenerlo todo el año. No soporto el verano con todo lo que conlleva. 
El martes me maquillé sin sudar y casi lloro de la emoción. Más de una sabrá lo que es, que en lugar de que la brocha se deslice por la cara, esta patine por tus mejillas como si hubiese pisado un charco de barro y te queden los coloretes como a Heydi. Que asquito.  

     

Llega abril y mayo y "a las niñas" les falta tiempo para ir despelotadas por la calle, mientras yo veo llegar el momento de tenerme que despedir de mi abriguito y me engancho a él de la misma manera que la tarjeta de crédito se agarra el fondo del billetero cuando llega la temporada de rebajas, porque no quiere que la saque.  

    

"Pues ponte el aire acondicionado". ¡Pues no puedo list@! porque a mí el aire artificial me enferma. Si, las fosas nasales y todo lo que viene siendo el sistema respiratorio se me resecan y en lugar de inhalar aire, parece que esnifo estalactitas y la garganta se me convierte en una Cueva de Nerja cualquiera. Creedme, no es nada agradable. Así que en verano es raro verme en algún centro comercial o similar porque ésta es mi reacción al encontrarme de frente con el amigo en cuestión.   


     

Yo quiero acostarme y perderme en mi edredón y que sólo se me vea la punta de la nariz, los ojos y la frente cuando estoy durmiendo. Quiero ronronear cuando pillo la cama en lugar de soltar "argg, me acabo de duchar y ya estoy sudando" (aplíquese esto a cualquier momento del día en el que te das un agüita) y no tenerme que despatarrar sobre ella como si me hubiera caído de una quinta planta, para no rozarme siquiera. Yo creo que cuando Leonardo dibujó el hombre de Vitruvio había tenido una visión mía tirada en la cama algún día entre el 15 de mayo y el 30 de octubre.     

  

Y ahora, con ésto del cambio climático, el frío tarda mas en venir. Ya mismo nos vemos comiendo doce bolitas de helado de uva en la playa el 31 de diciembre. Habrá que hablar con la NASA o algo parecido que seguro tienen máquinas que cambian la meteorología, que algo he oído sobre eso porque yo ya estoy harta de meter la cabeza en la nevera.     
 

     
El invierno tiende a extinguirse y yo me veo emigrando a los países nórdicos donde todo es paz y amor entre la nieve. Paz y "AMOR", porque aquí en verano no hay quien se pegue a menos de 10 cm. de cualquiera. Al menos, yo. Es mas, cuando salgo, rezo por no encontrarme a alguien conocido y tener que soltarle dos besos, vaya a ser que nos quedemos pegados. Mejor saludar de lejos.     


 
                            
Y si al menos sólo con el sudor se fuera parte de la grasa acumulada..., pero no, esa tienes que expulsarla "sudando a base de ejercicio". 

    

Qué pena. Ya mismo recordaremos la época invernal igual que a nuestra querida PESETA y pasaremos los meses de noviembre a febrero traduciendo en abrigos y jerseys de cuello vuelto, las camisetas de tirantas y los pantalones cortos. (6,00 € = 1.000 pesetas / camiseta y shorts = abrigo de borreguito)


   

Porfi, fresquito, vuelve prontito que quiero despegarme la blusa de la espalda y el pantalón del culo.
Quiero cambiar el sudor por el agüilla de la nariz. 
Quiero que vuelvan a apetecerme los abrazos y achuchones y hacerme un sofa-manta-peli/libro como Dios manda. 
Quiero tener la piel suavita como el terciopelo a cualquier hora del día en lugar de parecer que me han restregado un chicle masticado. 


    

¡¡Vuelve y no tardes que la última vez llegaste a primeros de diciembre, tío!!

Me voy a la cocina, a ver si pillo la nevera libre.


Besos, señor@s. 











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