DIARIO DE LAS NO SEÑORAS QUE...
CAPITULO XXXVI
CAPITULO XXXVI
5 de abril
LA LIBRE ENTRADA AL CAJÓN DE LOS CALCETINES.
A ver querid@s, tengo 2 sobrinos, de 16 y 12 años respectivamente: chico y chica cuyos cuerpos pasan el 50 % del tiempo en casa; y digo cuerpos porque las cabezas, realmente no se dónde las suelen dejar.
Al estar tanto tiempo juntos disfrutamos de mil y un encantos comunitarios y, entre otros, llega un momento en que flípas al descubrir cómo tu ropa puede llegar a estirarse tanto como para vestir a tres personas a la vez cuando, la mayoría de las veces que he abierto el armario durante mis cuarenta y tantos, siempre he dicho: "Puff, si es que no tengo nada que ponerme".
Llega la noche y se quedan a dormir o se van a dormir a otra casa. ¡Guay! pero..., "Tita, se me ha olvidado coger el pijama. Déjame algo.". Bendito sea Decathlon con sus pantalones pitillos de punto, sus camisetas básicas y sus calcetines Artengo que lo mismo valen para un roto que para un descosido, pero... (segundo "pero") yo no me tiro a ningún empleado de allí que me tenga abastecida de todo ésto a tutiplén. Así que, haciendo referencia nuevamente a sus malas cabezas, por no devolver dichas prendas, yo cada vez tengo menos pantalones, menos camisetas y ¡un sólo calcetín! de los últimos 5 pares. No dos, que al menos hagan un par, no. ¡Uno! que si ahora mismo me pongo a buscarlo, seguro que no lo encuentro tampoco. Así que entre los que se come la lavadora, los que se caen al tenderlos y los que se llevan los niños, estoy deseando que lleguen las sandalias de verano para tomarme un respiro con lo que ya me está suponiendo "el trauma de los calcetines".
Estos dos sobris míos, están en una edad y vivimos con unas modas en que todo nos sirve a todos. Con deciros que el otro día me puse yo una sudadera de la niña...
Esta mañana, que pronosticaba lluvia y bajada de temperatura, me voy a poner las botas y me he tenido que calzar unos calcetines rosas, porque los negros..., no existen ya en mi cajón. Voy a coger el Columbia, y no lo encuentro por ningún sitio. Dentro del armario, en la silla de la salita, en la bolsa del gym, en la percha tras la puerta del baño, en el salón... Dios, he perdido la chaqueta de plumas. Aclaro que todo esto con el tiempo ya en el trasero para entrar a trabajar y para no perder la costumbre, claro.
¡Bombilla!, teléfono y llamada:
- ¡Nene! ("nene" es mi hermano), pregúntale a los niños si han cogido mi Columbia.
- Nooo!, lo cogí yo creyendo que era de la niña y está en mi casa, que se me ha olvidado llevártelo, perdón.
¡ERAMOS POCOS Y PARIÓ LA ABUELA!
A ver, llevo dos días poniéndome el rebecón de lana, ¿lleva el plumas ya tres allí y nadie ha caído en traerlo? Me he tenido que venir con la cazadora de cuero, bueno cuero no, jajajajajajajaja, de plástico y mas falsa que el moreno de Leticia Sabater, y que, además no me quita el frío. Pero claro, la culpa no es de los demás que se llevan las cosas y no las traen en su momento. La culpa es mía porque el otro chaquetón que tengo, es negro y en el último lavado salió manchado de jabón (que es otro misterio que jamás entenderé), y aún no lo he vuelto a enjuagar y ademas el tiempo no es que ayude mucho, porque pellizones mas gordos tengo, pero no está el clima como para tanto. ¡Perdón, oh señor, por mi mala cabeza!
A ver querid@s, tengo 2 sobrinos, de 16 y 12 años respectivamente: chico y chica cuyos cuerpos pasan el 50 % del tiempo en casa; y digo cuerpos porque las cabezas, realmente no se dónde las suelen dejar.
Al estar tanto tiempo juntos disfrutamos de mil y un encantos comunitarios y, entre otros, llega un momento en que flípas al descubrir cómo tu ropa puede llegar a estirarse tanto como para vestir a tres personas a la vez cuando, la mayoría de las veces que he abierto el armario durante mis cuarenta y tantos, siempre he dicho: "Puff, si es que no tengo nada que ponerme".
Estos dos sobris míos, están en una edad y vivimos con unas modas en que todo nos sirve a todos. Con deciros que el otro día me puse yo una sudadera de la niña...
Esta mañana, que pronosticaba lluvia y bajada de temperatura, me voy a poner las botas y me he tenido que calzar unos calcetines rosas, porque los negros..., no existen ya en mi cajón. Voy a coger el Columbia, y no lo encuentro por ningún sitio. Dentro del armario, en la silla de la salita, en la bolsa del gym, en la percha tras la puerta del baño, en el salón... Dios, he perdido la chaqueta de plumas. Aclaro que todo esto con el tiempo ya en el trasero para entrar a trabajar y para no perder la costumbre, claro.
¡Bombilla!, teléfono y llamada:
- ¡Nene! ("nene" es mi hermano), pregúntale a los niños si han cogido mi Columbia.
- Nooo!, lo cogí yo creyendo que era de la niña y está en mi casa, que se me ha olvidado llevártelo, perdón.
¡ERAMOS POCOS Y PARIÓ LA ABUELA!
A ver, llevo dos días poniéndome el rebecón de lana, ¿lleva el plumas ya tres allí y nadie ha caído en traerlo? Me he tenido que venir con la cazadora de cuero, bueno cuero no, jajajajajajajaja, de plástico y mas falsa que el moreno de Leticia Sabater, y que, además no me quita el frío. Pero claro, la culpa no es de los demás que se llevan las cosas y no las traen en su momento. La culpa es mía porque el otro chaquetón que tengo, es negro y en el último lavado salió manchado de jabón (que es otro misterio que jamás entenderé), y aún no lo he vuelto a enjuagar y ademas el tiempo no es que ayude mucho, porque pellizones mas gordos tengo, pero no está el clima como para tanto. ¡Perdón, oh señor, por mi mala cabeza!
Yo siempre he sido del club del dos. Es decir, siempre que compraba algo, echaba dos de todo. Luego me hice del tres, pero últimamente estoy pensando en comprar las cosas al por mayor, porque no doy a bastos con tanto viaje al Decathlon de las narices y ya hasta pienso que deben creer que entro a robar con la excusa de comprar los puñeteros calcetines, entre otras cosas.
¡Hasta el perro se cree con derecho sobre mi ropa! Da igual que la doble y la deje en una esquinita de la cama. A la primera que me despisto, me lo encuentro tumbado sobre un jersey o un pijama hecho un higo. No sé cómo se las apaña. Estoy loca por pillarlo un día con las patas en la masa mientras deshace mi ropa y se acurruca encima, el tío. El día menos pensado se la pone, que me lo estoy viendo venir.
Y he de decir que, aunque tengas que ir con calcetines rosas o con uno de cada color bajo las botas (en este último caso a mi, personalmente, me encanta llevar uno de cada, pero eso no quita que me guste saber que en el cajón están sus respectivas parejas) en el fondo, es maravilloso tener en casa a la familia poniendo patas arriba tu vida, cambiando tus planes, y desordenando tu armario, porque "la familia" es lo realmente importarte; es lo único de este mundo que no tiene precio y que vale oro, y no puede cambiarse por nada... .
Así que os deseo, y creo que es un bonito deseo que, al igual que yo, nunca os falte a quién llamar para preguntar si ha visto tus bragas con el osito de cristalitos que imita al de Tous, que qué han hecho con los leggins negros del gimnasio o dónde han puesto las zapatillas de casa que no han vuelto a su sitio en el zapatero y que de pronto aparecen porque alguien casi se mata al tropezarse con una. Eso, y que siempre tengáis un par de calcetines bajo la manga.
Besos, señor@s y feliz vida!.

















































